A España le da miedo triunfar

Written by x-cellence

En Vallecas dos hombres hablan frente a un bar vestidos con sus monos de trabajo “No creo que lo logren otra vez en mi [email protected]$# vida. Es así macho… fue bonito mientras duró” No están hablando de ir a la Luna. Ni de encontrar la partícula de Dios. Ni siquiera están hablando de un amigo que haya logrado zafarse de la inmortal hipoteca. La proeza epopéyica de la que hablan es algo más mundano. Discuten si la selección de fútbol, La Roja, podría obtener otro trofeo importante. No lo ven. No creen en una nueva Copa de Europa o en otro Mundial. Son dos españoles promedio, dos ciudadanos anónimos que curran día a día, que toman el Renfe, que comen en el De María un pincho de tortilla con café, y que al llegar a sus hogares, se sientan a ver sus equipos de La Liga jugar. De su conversación, entonada con la paciencia que caracteriza al resignado, se desprende una sola idea: A España le da miedo triunfar. España, transmutada en su gente que al final es el país, no se siente ni fuerte ni grande y últimamente, por no sentirse, no se siente ni una. No se siente ganadora. Y eso es un error monumental.  

En los últimos 25 años, España ha pegado un salto cuántico hacia el progreso. Sea con o sin crisis, con o sin fútbol, España ha recuperado poco a poco su lugar como una de las potencias mundiales. Como un referente de progreso. Empresas españolas, de esas que cotizan día a día en el Ibex 35, se han vuelto ejemplos de Calidad y Eficiencia en latitudes muy lejanas al “paralelo 0 Grados” que resulta Madrid para todos nosotros.

Estamos hablando de Telefónica, por ejemplo, que ha crecido en Latinoamérica hasta convertirse en una mega transnacional que es usada por argentinos, chilenos, colombianos, venezolanos, uruguayos, costarricenses, guatemaltecos, paraguayos, ecuatorianos, panameños, peruanos, mexicanos y brasileños y pare usted de contar. Su logo y el conocimiento de que es una empresa española, se han expandido por los territorios de toda América, siendo en muchos de estos países la principal compañía de su sector. El referente de calidad y excelencia contra el que se mide toda la competencia.

Estamos hablando también de Repsol que es considerada una de las petroleras más eficientes del mundo. Una de las grandes. Con pozos en los cinco continentes y operaciones que se extienden a lo largo y ancho del orbe.

O podemos hablar también de BBVA. Banco que ha crecido al punto tal, de que usted puede casi cruzar Latinoamérica de cajero en cajero de BBVA. Para no mencionar a ABERTIS que controla y construye soluciones de transporte y peajes en toda Europa, siendo la segunda empresa más poderosa de este ramo en el mundo.

¿Y qué de Mapfre o Inditex? Titanes españoles se han comido pedazos increíbles del mercado internacional en sus correspondientes sectores. Las empresas españolas, esas marcas que vemos día a día en las calles y en los grandes almacenes, esas marcas que nos proveen el servicio del móvil, esas marcas con las que crecimos, son ahora líderes mundiales. Y por ello deberían ser orgullo nacional. Como BMW o AUDI lo son para Alemania, como Apple y Microsoft lo son para Estados Unidos.

España, sin darnos cuenta, es más grande que nunca. Sus empresas, su poderío y parque industrial, su innovación y sobre todo sus emprendedores, que los hay de a miles y que muchos cargan con coraje el peso absurdo de ser autónomos, se están comiendo a la competencia.

El triunfo en Latinoamérica de los servicios, marcas y productos Made in Spain lamentablemente no es comentado ni reconocido lo suficiente aquí en casa. Seguimos, de manera colectiva, como los dos hombres en Vallecas: Pensando en lo chapuzas que somos y vinculando la marca España a mediocridad y desinterés. Un error que nos puede costar muy caro. Porque en esta encrucijada histórica, donde podemos recuperar el lugar que nos corresponde como potencia planetaria -recordemos por un instante que el idioma más hablado del mundo no es el chino es el español- necesitamos desesperadamente creer que somos excelentes. Creerlo y buscarlo. Confiar en España, presionar y corregir, innovar, empujar, respirar hondo y reconocer los errores y empujar de nuevo. Somos un país de líderes, no de ovejas. Nunca lo hemos sido. Necesitamos comenzar a mirar a España como nos miran desde afuera. Con admiración. 

La marca España es Rafael Nadal con una bandera al hombro siendo el mejor del mundo. Pero también es Telefónica controlando el mercado Colombiano y Venezolano de las telecomunicaciones en tiempo record. Es Mireia Belmonte dándonos otra alegría en Río. Pero también es Zara abriendo una cadena nueva de tiendas en Panamá. Es nuestro -si nuestro- Orlando Ortega corriendo por la pista de Río buscando una bandera de España para llorar y abrazarla. La marca España es La Roja levantando la Copa del Mundo – que este escritor está seguro lo verá de nuevo varias veces en su vida- pero también son los amigos de Vallecas, saliendo a currar cada día, cada noche, con todo su esfuerzo para cumplir con sus trabajos. Con todo su orgullo para demostrar que sí se pueden lograr las metas. Que somos grandes. Que no solo fuimos líderes del mundo cuando Isabel y Fernando, que no tenemos que hablar en tiempo pasado. Que tenemos que hablar en presente, que SOMOS españoles.

Estás historias, y más contenido sobre la Cultura de la Calidad y la Excelencia, son promovidas y difundidas por Business Initiative Directions, una empresa que tiene más de 30 años reconociendo, educando y promoviendo a nivel internacional la Cultura de la Calidad y las historias de éxito detrás de los líderes, empresas y organizaciones que han conquistado la Excelencia.

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