Capítulo 1 de las Claves del Liderazgo: La autoridad

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El liderazgo es uno de los factores determinantes del éxito. La inmensa mayoría de las grandes empresas saben esto y lo cuidan, casi se diría que lo cultivan. Poder construir una estructura gerencial que sepa manejar y gestionar de manera eficiente el liderazgo es una de las primeras necesidades de cualquier directiva. Y aunque por momentos parezca una tarea titánica, la realidad es que construir un liderazgo eficiente (o al menos entender los conceptos que lo alimentan) no es tan complicado. Existen miles y miles de ejemplos de liderazgos exitosos a lo largo de la historia de la humanidad. Desde liderazgos  hasta organizacionales, pasando por líderes militares, religiosos, civiles, etc.

Gestión de la autoridad: El líder debe hacerse obedecer. Para adquirir esta “autoridad” que no es otra cosa que la capacidad de dar un comando y que se cumpla, existen muchos estilos o formatos de liderazgo. Nicolás Maquiavelo, famoso estudioso italiano, planteó en su célebre libro El Príncipe, que la mejor forma de obtener “autoridad” era a través del miedo. Esto aún se aplica. Y en muchas empresas al “jefe” (llámese director, CEO, Presidente o como quiera) se le envuelve (por voluntad propia o por manejo de recursos humanos) de cierta aura de crueldad o dureza. Se le recubre de una fama de ser “eficientemente despiadado” o “inmisericorde con los errores”.

Algo que ciertamente facilita que sus órdenes sean acatadas y cumplidas sin mayor demora. Creando un sistema que funciona, pero no genera lealtad en el subordinado, que obra más por temor a perder el empleo que por otra razón. Sin embargo, si en lugar de la autoridad derivada del miedo se premia y se promueve la autoridad derivada del respeto, los resultados son mucho mejores.

Un líder que inspire el respeto entre sus subordinado, que sea admirado y considerado justo, es más propenso a ser obedecido no solo dentro de la empresa, sino más allá “del deber”. Este es el liderazgo rentable, el productivo. Un liderazgo que empuja, sin forzar al empleador, a ir más allá, a darlo todo por respeto y por compromiso con la empresa. Un empleado que tema a su jefe cumplirá, por supuesto, con su trabajo. Pero un empleado que respete a su jefe se implica en el trabajo, busca soluciones, siente que la empresa le duele, le preocupa, le interesa. 

¿Cómo se consigue infundir el respeto?: El respeto, lamentablemente, no corresponde a valores cuantificables o medibles. Responde a sensaciones y sentimientos, y forma parte del complejo orbe de la psique humana. Cómo tal, obtener el respeto no posee una fórmula magistral que podamos replicar con una certeza absoluta de éxito. De hecho, diferentes empleados respetarán valores diferentes en sus jefes. Sin embargo, existen tres puntos claves, tres valores universales, que facilitan el proceso de ganarse el respeto de cualquier empleado. 

  • Sea justo: Ser justo implica castigar los errores pero también premiar los aciertos. Significa mantener, como empleador, un estado de ánimo estable. NO EXPLOTE. No arranque en arrebatos de ira cuando las cosas no salgan bien, o de éxtasis cuando la empresa logre un acierto. Un empleado NO respeta a un jefe volátil, que en media hora pasa de la felicidad a la furia. O que el lunes está satisfecho con el trabajo y el viernes amenaza con despidos apocalípticos a media organización.
  • Sea eficiente con el tiempo: Un empleado requiere instrucciones precisas para cumplir con su trabajo. Gestione bien su tiempo delante de sus empleados. Recuerde que para una persona que debe servirle, el tenerle delante dando direcciones es profundamente estresante. El empleado, si es un buen empleado, está atento a todas las indicaciones de su jefe. Pero esto requiere concentración y ES UN ESFUERZO. Téngalo presente. No agote a sus empleados con sesiones maratónicas de horas y horas hablando para explicar un punto que desea. Vaya al punto y COMANDE: Eso significa dar órdenes cortas y concisas.
  • Sea didáctico pero sin caer en el compañerismo: Un empleado que detecte en su jefe un nivel de formación o de conocimiento menor que el suyo, es un empleado que probablemente no respetará a su empleador. Para evitar esto usted tiene que evidentemente conocer su negocio, pero además, tiene que evitar las posibilidades de que “se note que no sabe”. Suprimir lo que algunos escritores llaman “el umbral de la ignorancia por exceso” Sea pedagógico explicando temas estructurales de la empresa, pero no hable de más. No pierda el tiempo en discutir abiertamente con sus empleados dudas que pueda usted tener sobre conceptos clave de la organización, eso genera desconfianza. Guárdese esos momentos de consulta para empleados de alto nivel o de muy muy alta confianza que usted sepa CON ABSOLUTA CERTEZA que pueden ayudarle a despejar esas dudas.

Si mantiene estas tres estrategias, es muy posible que logre construir una relación de respeto y confianza entre usted y sus empleados. Sin importar que tipo de empleados sean o que valores privilegien ellos en un empleador (serenidad, valentía, eficiencia, amistad etc) Estos tres elementos son las tres piedras fundacionales de una relación de autoridad, donde el empleador domina a través de la confianza y el respeto que inspira en el empleado. 

Los conocimientos requeridos para realizar una gestión empresarial exitosa, se compilan en una cultura corporativa llamada Cultura de la Calidad. A lo largo del mundo, miles de estudiosos han dedicado incontables horas, tesis e investigaciones, a definir como manejar de manera acertada las relaciones entre empleados y empleadores, entre líderes y subordinados, entre directivos y gerentes. El compendio de estos conocimientos sobre la Cultura de la Calidad se puede obtener gracias a instituciones como Business Initiative Directions, una organización dedicada a promover la Cultura de la Calidad y la práctica de la Gestión Total de la Calidad como mecanismo para incrementar la eficiencia, la productividad y la rentabilidad.

 

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