El Huevo de Shiva

Written by x-cellence

Existe un antiguo relato sobre la diferencia entre saber y entender que se le enseña a los niños pequeños en mi aldea de Bengala. Dicen que antes de que la India fuera un imperio, inclusive antes de que supiéramos cómo trabajar el bronce y el mármol, vivía una hermosa joven en un pueblo cerca de un río. La chica era tan bella que el Sol parpadeaba cuando ella salía de su casa y el río cambiaba el flujo de sus aguas al ella mojar sus pies en la ribera. La belleza de la niña llegó a oídos del señor Shiva quién la espió un día mientras se bañaba en una cascada. Extasiado por lo que había visto, Shiva se presentó a la chica con su forma divina y le aseguró que le daría lo que ella quisiera, si accedía a una noche de pasión. La chica entonces pidió tres soles y tres lunas para pensar la propuesta y elegir el deseo que pediría, Shiva accedió. Durante esos tres días y esas tres noches la chica habló con todo el mundo en la aldea consultando qué pedir. Algunos le recomendaron que pidiera riquezas, otros que pidiera vida eterna como la de los Dioses, pero la chica no se decidía. ¿De qué le servía tener riqueza infinita y no vida eterna para disfrutarla? ¿De qué le serviría la vida eterna sin riqueza? Ella quería tenerlo todo, pero solo podía pedir una cosa.

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Al final de la tercera noche, mientras caminaba por el bosque, la chica topó con un anciano ciego y cojo que recitaba poemas bajo un árbol de mango. El anciano la invitó a sentarse a su lado y la chica escuchó algunos de sus versos sobre un higo, un tigre y un mono. Cansada y nerviosa porque se le acababa el tiempo la niña rompió a llorar. El viejo le preguntó entonces “¿Qué pesar te aqueja?” Ella le contó de su trato con Shiva y de su desesperación por pedir el mejor deseo posible. Su familia y su aldea dependían de eso y ella misma tenía deseos y aspiraciones propias pero ¿Cómo cumplir con todo con un solo deseo? ¡Era imposible! El anciano poeta rompió entonces a reír y le preguntó “¿Lo deseas todo? ¡Pídelo todo!” Y con una astucia maliciosa le explicó a la chica que Shiva, siendo el Dios de la destrucción, sabía muy bien dónde estaba escondido el Huevo Cósmico, y que en su interior se contenían todos los universos que fueron, son y serán. El anciano le explicó que Shiva podía darle el huevo durante un tiempo a ella y así la chica tendría todos los conocimientos de la creación. Si ella pedía recibir TODO el conocimiento del mundo, sabría cómo convertir el agua en alimento, las piedras en oro, como curar todas las enfermedades, como conseguir la vida eterna, como conseguir todo, absolutamente todo, lo que ella deseara. Llena de dicha la chica salió corriendo del bosque a su casa y se preparó para entregarse a Shiva la noche siguiente.

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Luego de haber satisfecho a Shiva, el Señor de la Destrucción le preguntó a la chica ¿Qué deseo has elegido? Y la chica contestó ¡Deseo conocerlo todo! Shiva sonrió maliciosamente y, cómo si hubiera estado esperando esa respuesta, sacó de su bolsillo el huevo cósmico y se lo posó en la palma de la mano a la chica. Seis días y seis noches la niña estuvo en la cueva contemplando todos los secretos de la creación y durante ese tiempo los ríos se desbordaron, una lluvia de oro líquido incendió las cosechas, nuevas y terribles enfermedades se expandieron entre los aldeanos, y la muerte misma cobró cuerpo y caminó por el mundo devorándolo todo a su antojo.

Cubierta en llanto, la niña invocó desesperada a Shiva. Cuando el Señor de la Destrucción se presentó ante ella le preguntó qué había hecho. La joven, llorando amargamente, le explicó que había intentado dominar los mares para hacerlos más seguros para los pescadores de su aldea, pero que en su lugar los había llenado de torbellinos y huracanes. Luego le dijo que había intentado que el oro cayera del cielo para que la gente no tuviese que sacarlo tan trabajosamente de las entrañas de la tierra, pero en su lugar el metal había llovido como lava derretida quemándolo todo a su paso. Lo mismo le había pasado cuando intentó curar las enfermedades y terminó creando nuevas plagas. Igual con la comida, y peor aún con la muerte, a la cual en su afán de derrotarla, le había terminado dando vida. Shiva, riéndose, se sentó frente a la chica y le limpió las lágrimas diciéndole:

“Pediste conocimiento, no sabiduría. Te mostré como funciona toda la creación, pero no te lo enseñé. Ni en mil vidas humanas podrías entender lo que allí viste. Esa es la diferencia entre saber algo y entenderlo. El conocimiento sin sabiduría es la fuerza más destructiva del universo niña. Intentaste engañarme para tener todo lo que deseabas, pero un mortal no puede nunca engañar a un Dios, nuestra sabiduría es infinita. Sería como una hormiga que intentara levantar a un paquidermo. Dime ahora pequeña ¿Qué deseas?”

La niña miró a Shiva. En lugar de estar furiosa, estaba sorprendida y aliviada. El Dios le había enseñado algo, ella sentía que había aprendido una lección y su corazón se regocijó con una fuerza extraña, la fuerza de la certeza. La certeza de saber que nunca volvería a cometer el error de confundir inteligencia con sabiduría. “Te pido, oh grande, que todo vuelva a ser cómo antes” Y riendo Shiva cumplió su deseo. Los mares se calmaron, el oro dejó de llover como fuego desde el cielo, las plagas desaparecieron y los aldeanos muertos volvieron a la vida. Luego Shiva se retiró de la cueva, caminando lentamente mientras recitaba un suave poema sobre un higo, un tigre y un mono.

Estas y otras historias sobre liderazgo son promovidas por Business Initiative Directions en procura de la difusión de los valores fundamentales de la Cultura de la Calidad y la búsqueda incansable de la excelencia.

 

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