Las “plantas humanas” que se cosechan en Israel

Written by x-cellence

¿Se puede jugar con los genes como si fueran un Lego? ¿Podemos quitar partes de ADN de un gato y meterlos en una planta? ¿Y si fueran partes de ADN humano y las pusiéramos en otro animal, o mejor, en un planta? La respuesta, increíblemente, es sí. Y además… ya se está haciendo. 

En Israel, entre esas eternas arenas tan sagradas y sangradas, existen parches de nicotina verde, micro prados artificiales sembrados bajo gigantescos toldos de plástico. Son invernaderos que cuidan plantaciones de tabaco, pero no de cualquier tabaco, de “tabaco humano”. En su interior existen decenas de miles de plantas creadas con ADN humano. Híbridos entre Nicotiana y el Homo Sapiens: entre plantas y hombres.

El profesor israelí Oded Shoseyov es el moderno Frankenstein detrás de estos sembradíos. Su mérito es el de dirigir una compleja operación que podría resultar en avances médicos capaces de salvar decenas de millones de vidas. Las plantas de tabaco de Israel fueron manipuladas con cinco genes humanos que producen colágeno. Ahora, esta cosecha tradicionalmente asociada con uno de los peores enemigos de la salud, se ha convertido en una cosecha de esperanza, de sanación.

El proyecto está en manos del Robert H. Smith Institute of Plant Sciences and Genetics in Agriculture, parte de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y es la culminación de un desarrollo en tres fases. Lo primero que intentó el departamento de Biotecnología del Instituto Robert H. Smith fue producir industrialmente un compuesto derivado de la sequoia, una super celulosa que tendría millones de aplicaciones comerciales. Esta super celulosa es más resistente que el acero, unas diez veces más resistente de hecho, y mucho, mucho más ligera. El problema de la producción estaba en que era impensable talar todas las sequoias del mundo. Entonces a través de nano biotecnología, el Robert H. Smith Institute se propuso una misión un tanto alquímica: usar los desechos de la industria del papel para extraer la super celulosa de allí.

Contra todo pronóstico lo lograron. Lo siguiente que intentaron fue insertar genes de las pulgas en las plantas de tabaco. Buscaban un componente orgánico que permite súper elasticidad y que es la razón detrás de la imbatible capacidad de las pulgas para saltar cien veces su propio tamaño. También lo lograron.

El siguiente paso, histórico por demás, era conseguir insertar genes humanos en la planta de tabaco. Genes que producen el tan necesitado colágeno. Increíblemente, de nuevo, lo lograron.   

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La era de los supermateriales

Bajo el nombre de super-materiales o de “materiales con super rendimiento” la celulosa de la sequoia, la proteína de las pulgas y el colágeno humano, forman parte de una “lista de los deseos” que incluye los compuestos más buscados por los laboratorios y factorías para el desarrollo y producción de tecnologías con materiales futurísticos.

Conscientes de esto los científicos del Robert H. Smith Institute han enfocado todos sus esfuerzos en producir sistemas para obtener, de manera industrial, los super-materiales. Este proceso, expuesto a nivel internacional de manera magistral por el Dr. Oded Shoseyov se podría reducir, a groso modo, en la siguiente secuencia de pasos: 1) Se aísla los genes responsables de producir el colágeno del conjunto de genes que conforman el ADN humano. 2) Se insertan en la planta de tabaco. 3) Se cultivan estas plantas como si fueran plantas regulares. 4) Al alcanzar la madurez se cosechan. 5) Una vez cosechadas se trituran y se mezclan con una serie de disolventes químicos que retiran toda la materia orgánica, dejando exclusivamente la proteína del colágeno.

El poder obtener el colágeno de esta manera representa un cambio radical en la manera de producir esta vital proteína. Hasta el momento la única forma de obtener colágeno era a través de cadáveres. Cadáveres de animales o, en muchas oportunidades, de seres humanos. Cuerpos que se reciclaban para poder ofrecer al mercado médico este compuesto clave en la construcción de válvulas cardíacas y otros tipos de implantes. Sin embargo, este colágeno extraído de materia muerta tenía múltiples problemas. Primero sanitarios, resultando en producto contaminado con elementos indeseables y, en segundo grado, problemas de compatibilidad, éticos y de accesibilidad.

El colágeno derivado de materia animal no era enteramente compatible, como es lógico suponer, con sus recipientes humanos. Y el colágeno derivado de cadáveres humanos no tenía un mecanismo ético de garantizar una producción segura del compuesto. Por lo tanto, se cerraba la puerta a desarrollos más complejos en el campo de la creación de órganos artificiales.

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Suministro seguro para asegurar el futuro

Un campo que ahora se verá potenciado por un suministro, teóricamente masivo, de uno de sus principales elementos, 100% compatible con los pacientes porque es 100% humano. Esto nos acerca a la fabricación de órganos de reemplazo y a miles de campos imaginados, pero nunca considerados seriamente dentro de la medicina, por pensarse prácticamente imposibles de realizarse.

Sin duda alguna, al margen de las buenas noticias que traen los cultivos de “plantas-hombres” en Israel, también el miedo – o el pavor en algunos casos – está más que justificado. ¿Qué más podría mezclarse con plantas? ¿Hasta qué punto mezclaremos nuestro ADN, esa cosa tan única y tan definitoria de la humanidad que podría decirse que es, en efecto, lo más exclusivo que poseemos, con otros animales, plantas o quien sabe, hasta objetos? ¿Hasta dónde llegaremos con la hibridación genética? En un futuro ¿Qué definiremos como humano y que no? Solo el paso de los años podrá develar estas incógnitas.

Mientras tiempo, mientras ese fatídico día llegue en el que los hombres nabo tomen el control de nuestra sociedad, solamente nos queda cruzar los dedos porque los desarrollos llevados a cabo en Israel – y en otra decena de naciones que trabajan arduamente en el mismo campo – lleguen a buen puerto. Y de esos sembradíos híbridos, y de esa casi alquímica nano-biotecnología, nazcan soluciones y respuestas que acallen nuestras dolencias, atiendan a nuestros ancianos, curen a nuestros seres queridos y salven a nuestros hijos. Soluciones que demuestren que el ser humano lleva la inventiva inscrita en su propio ADN.

Charla y presentación del proyecto por parte del profesor Oded en los Ted Talks. 

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